Sensores complementarán datos sobre contaminación junto con autoridades

Estos dispositivos funcionan para analizar polvo, humo o gases de vehículos, pero no para contaminación del ozono o niebla al nivel del suelo

Una nueva generación de sensores portátiles para medir la calidad del aire, pequeños y económicos, está facilitando que entidades y ciudadanos dispongan de datos que complementen la información que recopilan los organismos oficiales. Así, activistas, grupos vecinales, aficionados y escolares están contribuyendo a completar los mapas de la contaminación con detalles sobre el ambiente que se respira en sus barrios, parques y colegios. Su éxito ha llevado a administraciones exigentes como la norteamericana a adoptarlos parcialmente.

Un proyecto de la Universidad de Utah (Estados Unidos) permite que los alumnos construyan sus propios sensores con materiales fáciles de conseguir. Los aparatos que fabrican tienen el tamaño de una caja de pañuelos y son muy populares en las ferias de ciencia de su zona. Pero también están sirviendo para aportar datos extra a los que ya manejan las autoridades. En Denver (Estados Unidos), Google se ha asociado con Aclima, especializada en este campo, para estudiar la polución con sus coches de Street View y monitores de reducidas dimensiones.

Estos sensores son posibles gracias a la tecnología láser, que calcula la cantidad y el tamaño de las partículas del aire capturado mediante un ventilador. Así pues, los dispositivos funcionan bien para analizar el polvo, el humo, los gases de los vehículos… que pueden ser inhalados por las personas. Sin embargo, no son válidos para la contaminación del ozono o la niebla que está al nivel del suelo. Éstos requieren interpretaciones más complejas, en las que intervienen factores como la temperatura, la humedad o la composición del gas. Para estos menesteres se necesitan monitores de mayor calidad.

Además,las alternativas más baratas —su precio ronda los 200 euros— presentan problemas de precisión. Les puede afectar el frío y el calor o desencadenar errores por culpa de una barbacoa en un jardín. Diversos estados norteamericanos han tenido que tranquilizar a usuarios que habían llamado con urgencia tras observar una lectura escandalosamente elevada en su sensor porque se trataba de un fallo técnico. En cualquier caso, los responsables de algunas agencias públicas se han interesado por esta opción y la han incorporado a sus actividades.

Estos dispositivos funcionan para analizar polvo, humo o gases de vehículos, pero no para contaminación del ozono o niebla al nivel del suelo

Entre otras, lo ha hecho Colorado (Estados Unidos), con sensores PurpleAir para las comunidades del suroeste, amenazadas por graves incendios forestales. Ahora, cuando hay fuego, este método ayuda a avisar a los residentes con antelación y una ciertas garantías dependiendo de la trayectoria que sigue el humo. La asociación americana del pulmón se ha sumado igualmente a las iniciativas en esta línea con una clasificación de las ciudades con el peor aire.

Los más preocupados por esta amenaza abogan por incrustar en la ropa la próxima generación de sensores, que presumiblemente será más pequeña. En las capitales, que tienen una población mayor, incluso los niños están tomando conciencia de la magnitud del desastre que se avecina si no se encuentra una solución con rapidez. Los chavales de Salt Lake City (Estados Unidos) que a menudo no pueden disfrutar del recreo durante su jornada por culpa de la niebla tóxica saben qué significa eso.

Fuente: Vanguardia