Construcción: Trato diferenciado y brecha salarial

Ante este panorama, es necesario continuar con la labor de concientización profunda tanto al interior como al exterior de esta industria, con los funcionarios encargados de la distribución de obra pública. A la par, continuar con la profesionalización de las empresas.

Una sociedad igualitaria en materia de género será
aquella en que la palabra género no exista’’.
Gloría Steinem

 

Por Maribel Miceli Maza

En México, la industria de la construcción y su comportamiento representan un indicador de las condiciones económicas del país, por lo que este sector requiere de una multiplicidad de especialidades, a la vez que da empleo a una gran cantidad de personas e interactúa con un vasto número de industrias manufactureras, además de tener trato directo con 66 ramas de la economía nacional, proporcionando elementos básicos que benefician a la sociedad.

Sin embargo, de acuerdo con un estudio realizado en enero por la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), la crisis financiera, los problemas económicos y los recortes presupuestales han sido las puntillas incrustadas que han llevado a la obra pública a su peor nivel en los últimos 11 años; y se estima que la caí- da en la construcción se agudice. Por ejemplo, el presupuesto asignado para este año al sector de la construcción se estimó en sólo 25 %, lo que implica que la inversión privada deberá cubrir un déficit de 75 % para el desarrollo del país.

En su mayoría, las empresas mexicanas están dedicadas a la obra pública, aunque en algunos casos, las licitaciones en sus diferentes modalidades (pública nacional, invitaciones restringidas o asignaciones directas), ya llevan nombre y apellido, y estos nombres generalmente son de constructores, ya que las conveniencias siguen prevaleciendo en este sector, y con ello un sinfín de supuestos violatorios, como la competencia desleal, el tráfico de influencias y el trato diferenciado hacia las mujeres empresarias de la industria de la construcción, que, por otra parte, cuentan con la capacidad para construir obras de calidad en tiempo y forma y en igualdad de circunstancias.

 

Las mujeres que tienen participación en la construcción padecen en mayor grado la brecha de desigualdad. En la actualidad, de un universo de más de 11 mil empresas formales dedicadas a la construcción afiliadas en la CMIC, sólo el 15 % pertenece a mujeres, además de que sólo 11 % del total mencionado son mujeres que pertenecen a la plantilla del personal asalariado.
Las empresarias de la CMIC, que en conjunto tratan de con- vencer a los funcionarios para que se les dé igualdad de oportunidades, han obtenido algunas asignaciones, sobre todo en Hidalgo y Chiapas; sin embargo, estas obras son pequeñas, de importes mínimos y con una serie de obstáculos para el trámite de pagos de estimaciones.

No obstante, pareciera que los supervisores actúan por con- signa. Es evidente que hay un trato diferenciado. El 90 % de las empresas lideradas por mujeres pertenecen a la microempresa y, por las razones antes mencionadas, con pocas o nulas posibilidades de crecimiento. Su incursión en la iniciativa privada se encuentra en proceso de transición, al igual que muchas empresas representadas por hombres, salvo contadas excepciones en el país.

Si nos referimos a la brecha salarial que hay para las mujeres que se emplean en una empresa de la industria de la construcción, también encontramos serias desigualdades. En 2014, el total de personal ocupado en el sector construcción fue de 683 mil 203 personas, con una participación femenina de sólo 75 mil 461 mujeres, cifra que corresponde al 11 por ciento. Cabe señalar que la participación de las mujeres en este sector ha sido constante en los últimos años y la brecha salarial también se mantiene en un promedio de 20 % por debajo de lo que percibe un hombre con la misma actividad.

Ante este panorama, es necesario continuar con la labor de concientización profunda tanto al interior como al exterior de esta industria, con los funcionarios encargados de la distribución de obra pública. A la par, continuar con la profesionalización de las empresas para incursionar con mayor facilidad en la iniciativa privada, sin que esto sea exclusivo de empresas representadas por mujeres. Así también, es necesario establecer reglas claras de contratación, pugnar por la transparencia y la rendición de cuentas y erradicar la corrupción del sector. Tareas nada sencillas, que solamente podrán lograrse con el trabajo conjunto de hombres y mujeres, así como de una buena dosis de voluntad gubernamental. Es urgente revertir las prácticas de colusión en este sector, que tanto daño le hacen a México.

 

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