Charlotte Perriand: humanizar el movimiento moderno

El movimiento moderno, ese estilo que nació y sacudió el arte y la arquitectura del siglo XX, fue aparentemente un mundo de hombres. La necesidad de mano de obra y la floreciente mentalidad un poco más abierta que dejó la Primera Guerra Mundial permitió a las mujeres tener más oportunidades, aunque de igual modo estas fueron excluidas de muchas profesiones reservadas solo a la figura masculina.

Por ejemplo, las mujeres eran bienvenidas a la Bauhaus, pero no se les permitía estudiar arquitectura o diseño de mobiliario. La mayoría eran enviadas a los talleres textiles de la escuela y relegando a un segundo plano sus aportaciones al movimiento. Así fue como Walter Gropius, Mies Van Der Rohe o Le Corbusier serían los que asentarían los ideales estéticos desde la década de 1920 en adelante.

En este contexto, una joven Charlotte Perriand decepcionada y aburrida con lo que sus estudios en en la École de l’Union Centrale des Arts Décoratifs le habían aportado, decidió envalentonarse y llamar, en 1927,  a la puerta del estudio de Charles-Edouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier, con la esperanza de diseñar muebles con nuevos materiales industriales.

A pesar de la desafortunada y ya mítica respuesta del arquitecto: “Desgraciadamente, en este taller no bordamos cojines”, Perriand no bajó la cabeza y siguió persiguiendo su sueño en ese ambiente de aires machistas y egocéntricos.

Poco después, y como muestra de su valentía, Charlotte Perriand presentaría en el Salon d’Automne de 1927 la obra que le valdría a sus 24 años el clamor de la critica, la instalación ”Bar sous le Toit”. Un proyecto construido totalmente en cobre niquelado y aluminio anodizado que materializaba algunos de los principios de Le Corbusier.

El primo y colaborador del arquitecto, Pierre Jeanneret, lo llevó a ver la elogiada instalación y Le Corbusier quedó tan impresionado que cambió de opinión, ofreciéndole a Perriand un puesto en su estudio de Rue de Sèvres como responsable del mobiliario y el interiorismo de sus proyectos.

La figura de Charlotte Perriand es quien añadiría a la obra fría y racionalista de Le Corbusier un toque de humanidad. El arquitecto belga que simbolizaría el hogar moderno como “una máquina para vivir” tuvo que admitir con el tiempo que sería una mujer la que diseñaría los engranajes que harían funcionar dicha máquina.

Su colaboración con Le Corbusier y Pierre Jeanneret duró diez años, durante los cuales nacieron diseños ya icónicos como el sillón LC1, las colecciones LC2 y LC3 y la famosísima chaise LC4 Villa Church. La funcionalidad de los muebles y sus interiores se unificaron, teniendo en cuenta valores como la ergonomia.

Después de dejar el estudio de Le Corbusier, Perriand también trabajó con Jean Prouvé y el artista Fernand Leger, entre otros diseñadores destacados.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Charlotte Perriand se exiliaría a Japón, dónde viviría dos años, y posteriormente otros cuatro en Vietnam. Estos lugares inspirarían su obra gracias a las técnicas de tejido y caña, aprendidas allí. Los muebles diseñados durante esa etapa tienen evidentes huellas de la influencia y la sensibilidad que desarrolló en el extranjero, conservando un carácter claramente europeo. Ejemplos son la versión en bambú de la LC4, la chaise lounge 522 Tokio o silla Ombre inspirada en Bunraku, el tradicional teatro japonés de marionetas.

Otro ejemplo de esta perfecta sincronización industrial entre Oriente y Occidente es la estantería Nuage, que desarrollaría junto a Jean Prouvé en 1954.

A pesar de su rica obra atemporal y su importante papel en el diseño contemporáneo, Charlotte Perriand siempre viajó a la sombra de Le Corbusier. No fue hasta 1999, tras su muerte, que una exposición en el Centro Pompidou de París reivindicó su figura, devolviéndole, aunque tarde, el hueco que se merecía en la historia del diseño.

Fuente: Domésticos Hop