Ángela Alessio Robles, primera mujer que destacó en el sector público

Siempre me gustó la construcción, y me gustaba hacer planes y proyectos y verlos concretados. También me gustaban mucho las matemáticas. Debo confesar que también me gusta mucho la música, pero con seguridad ese no era mi camino. Sin embargo, aunque parezca paradójico, tuve la ocasión de dar clases de matemáticas en la Escuela Nacional de Música.

Se tituló como Ingeniera Civil en 1943 -13 años después de Concepción- con la tesis Control y regulación de las corrientes del Valle de México, caso Milpa Alta. Estudió una maestría en Ciencias en Planificación y Habitación en la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1946, y se convirtió en profesora de matemáticas en la Escuela Nacional Preparatoria, en México.

Fue la primera mujer cuyo trabajo se destacó en el sector público. En 1948 ingresó al entonces llamado Departamento del Distrito Federal, hoy gobierno de la Ciudad de México, y fue Directora General de Planificación, Presidenta de Planificación del DF y Directora del “Plan para el Desarrollo Urbano” del D.F.

Durante su paso por la administración pública se concretó la Ley de Desarrollo Urbano y el Plano Regulador de la Ciudad de México, y se crearon grandes obras como la Merced, la Torre Latinoamericana, el Autódromo, el Centro Médico La Raza, varias calzadas y avenidas, así como múltiples unidades habitacionales para las personas trabajadoras del Estado, su principal línea de trabajo e investigación.

Ángela también participó como secretaria de Desarrollo Urbano de Nuevo León en la construcción de la Macroplaza, en Monterrey, considerada la quinta plaza más grande del mundo. En 1965 fue nombrada la mujer del año, tres años después recibió en París la presea de la Legión de Honor Nacional y en los años 70 fue nombrada La mujer de la década. Se hizo integrante del Colegio de Ingenieros Civiles de México, y fue Presidenta del Comité del medio Ambiente en 1992.

Dirigió con mano firme por muchos años la planificación de la ciudad de México (algunos aún recordamos una ciudad limpia, con fuentes claras, con flores, sin ambulantaje y creciendo con un orden establecido). Y Monterrey sigue hoy dando fe de su acertada labor, porque, ¿quién se podría imaginar la capital regia sin la Macroplaza.

Fuente: La Crítica e Imcyc